Hebreo

Lo que todo cristiano debe saber: por qué decir “maldito” no es del todo correcto

Génesis 12:3 constituye el núcleo del pacto con Abraham:

“Bendeciré a quienes te bendigan, y maldeciré a quienes te maldigan (וַאֲבָרְכָה, מְבָרְכֶיךָ, וּמְקַלֶּלְךָ, אָאֹר, va’avarakhah mevarakheikha, u-meqallelkha a’or); y por medio de ti serán benditas todas las naciones de la tierra”.

Leído en español, el versículo parece simétrico: bendición por bendición, maldición por maldición, un simple “ojo por ojo”. Pero el hebreo subyacente cuenta una historia más matizada, que muchas traducciones al español simplifican al utilizar una sola palabra castellana, “maldición”, para dos verbos hebreos diferentes.

Dos palabras diferentes para «maldición»

La primera palabra de maldición, aplicada a la acción humana, es ”qalal” (קלל). En esencia, el verbo no denota principalmente la pronunciación formal de una maldición. Significa tratar algo como algo ligero, trivial o despreciable; desdeñar, menospreciar o desestimar. Es la misma raíz que se utiliza en otros pasajes para insultar o maldecir a los propios padres. Describe una actitud de desprecio más que la pronunciación formal de una maldición.

Curiosamente, el verbo qalal pertenece literalmente al campo semántico opuesto al de kabed (“honrar” o “considerar importante”). “Qalal” a alguien es tratarlo como insignificante, frívolo o indigno de honor. Aunque “qalal” puede significar a veces “maldición” dependiendo del contexto, su sentido básico es tratar a alguien como insignificante, despreciable o de poca estima. Es probable que ese matiz sea intencionado en este caso.

La segunda palabra, que describe la respuesta de Dios, es “arar” (ארר), un término mucho más grave. Es la palabra utilizada para la maldición pronunciada sobre la serpiente y sobre la tierra tras la Caída (Génesis 3:14, 17), y más tarde para las maldiciones formales del pacto en Deuteronomio. “Arar” es el verbo hebreo habitual para someter a alguien a una maldición divina o a un juicio judicial.

Así pues, aunque el versículo habla de “bendición por bendición”, no dice “maldición por maldición”. Lo que dice es que quien trate a Abraham con ligereza o lo desprecie se enfrentará a su vez a un juicio severo. La desproporción es precisamente la clave.

Una asimetría gramatical, también

Hay un segundo matiz que es fácil pasar por alto en la traducción: el número. “Los que te bendigan” está en plural, mientras que “el que te deshonre” está en singular. Muchos intérpretes han sugerido que esta asimetría retrata sutilmente la bendición como la actitud esperada de las naciones y al que deshonra como la excepción aislada. Sea o no intencionada esa implicación, el cambio gramatical es inconfundible y contribuye a la textura literaria del versículo.

Curiosamente, ambos verbos que describen la respuesta humana son participios, lo que refleja disposiciones continuadas más que actos aislados. El contraste se establece entre aquellos que bendicen habitualmente a Abraham y aquel que, por norma, lo trata con desprecio.

¿Por qué esto es importante a la hora de leer el versículo?

En conjunto, estos matices modifican el peso emocional y teológico del versículo. No se trata principalmente de una advertencia sobre una represalia simétrica, del tipo “maldíceme y yo te maldeciré a ti”. Se acerca más a esto: el desprecio, incluso en su forma más leve y común, acarrea una consecuencia desproporcionadamente grave.

La traducción al español de “maldición” tanto para qalal como para arar oscurece esa asimetría, haciendo que el versículo suene a una reciprocidad equitativa, cuando el hebreo presenta la bendición como la expectativa general, mientras que el juicio aparece como la respuesta excepcional, pero severa.

Las traducciones no se equivocan al utilizar “maldición” para ambos términos; no existe una única palabra en inglés que capte la connotación de desprecio de qalal frente a la fuerza judicial de arar. Pero los lectores que se basan únicamente en el inglés pasan por alto una sutileza implícita en el texto original: se trata de un versículo que aborda más la gravedad del desprecio que las maldiciones de ojo por ojo.

¿Cómo abordan el versículo las traducciones al español?

No todas las traducciones al español nivelan esta distinción por igual. La NIV es uno de los ejemplos más claros de cómo se fusionan ambos verbos hebreos en la misma palabra inglesa, traduciendo el versículo como “a quien te maldiga, yo lo maldeciré”, lo que borra por completo la diferencia entre “qalal” y “arar “.

La ESV, por el contrario, se acerca notablemente a preservar el matiz. Traduce el versículo de esta manera: “Bendeciré a quienes te bendigan, y maldeciré a quien te deshonre, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra”. Al traducir qalal como «deshonra» en lugar de «maldice», la ESV mantiene el significado más leve, basado en el desprecio, del acto humano, diferenciándolo del peso judicial más grave de arar, que reserva exclusivamente para la respuesta de Dios. Esa simple elección de palabra, “deshonra” en lugar de “maldice”, restaura gran parte de la asimetría literaria y teológica que el texto hebreo pretendía transmitir.

Conclusión

El hebreo de Génesis 12:3 nos recuerda que Dios no ve el desprecio de la misma manera que solemos hacerlo nosotros. Nosotros descartamos el ridículo, el desdén y la falta de respeto casual como ofensas menores, pero el Señor las valora de otra manera. Tratar a la parte de Su pacto a la ligera es tratar a la ligera Sus propios propósitos. Por eso el acto humano se describe con el término relativamente suave “qalal”, mientras que la respuesta de Dios se expresa con el mucho más contundente “arar”. El desequilibrio es intencionado. No magnifica la importancia humana, sino el compromiso divino con las promesas de su pacto. Al mismo tiempo, el versículo comienza y termina con una bendición. La bendición, y no el juicio, es la intención principal de Dios para las naciones. A través de Abraham y, en última instancia, a través del Mesías de Israel, todas las familias de la tierra están invitadas a participar de esa bendición. La advertencia sigue siendo real, pero sirve al propósito mayor de proteger el canal a través del cual la gracia redentora de Dios llegaría algún día al mundo entero.

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